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Nota de B&T: Este texto comienza citando dos ejemplos del ecumenismo modernista respecto al Budismo, los cuales serán resaltados con color azul; en la segunda parte de este texto se lleva a cabo la refutación de tales consideraciones.
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1. Los promotores del budismo entre el clero
Primer texto. La doctrina del pecado original discrimina entre las personas de otras religiones o entre las que no tienen religión. [Punto de vista modernista] por Fr. Tissa Balasuryia O.M.I.
Nota previa: Este sacerdote fue excomulgado recientemente por sus enseñanzas heréticas y posteriormente fue reaceptado en la Iglesia sin tener que retractarse de nada. En el siguiente extracto de su libro Mary and the Human Liberation (María y la Liberación Humana), aunque no menciona explícitamente al Budismo, sin embargo establece un principio fundamental para el “diálogo” con el Budismo, ya que según él, el pecado original no existe y por lo tanto no hay necesidad de Mediador, Nuestro Señor Jesucristo. Entonces uno puede salvarse en cualquier religión.

Fr. Tissa Balasuryia O.M.I.
El dogma concerniente a la redención fue desarrollado por las presunciones respecto al pecado original. De Jesús, el salvador universal, se nos dijo que confirió las gracias ganadas por Él a su Iglesia, fundada por Él.
La Iglesia lo hizo a través de los sacramentos, de los cuales el bautismo tiene que ser el primero. Se dice que el bautismo remueve la mancha del pecado original, no la concupiscencia, sino otras consecuencias del pecado original, por las cuales estamos separados de Dios.
Esta afirmación de la Iglesia, como vehículo de la eterna salvación, tiene un incuestionable doble impacto. Primero, está la pugna por un establecimiento religioso para poder mediar en la salvación después de esta vida. Esto puede ser cuestionado por aquellos quienes no reconocen ninguna religión. Incluso si mantenemos que la salvación es a través de Jesucristo, no se sigue que podamos afirmar que Jesucristo quiso una Iglesia, es decir, la Iglesia católica, como mediadora para la salvación. De hecho, tanto Jesús como Pablo hablan de una relación directa entre Dios y las personas. En el análisis final, la santidad y la salvación están en relación con la consciencia de la persona y Dios (Rom. Cap. 2, Juicio Final de Jesús, Mt. 25).
Esta explicación de la doctrina del pecado original parece reducir la oportunidad para la eterna salvación de las personas que no tienen religión. Incluso cuando se le ha dado la última palabra a la consciencia humana para determinar las acciones humanas, la moral y la espiritualidad, se le ha considerado un camino menos confiable para la salvación.
Para nosotros, esta es una forma de religionismo, en la cual, una o varias religiones afirman ser capaces de mediar para la eterna salvación, incluso después de la muerte. Esta es un área en la cual la religión, como una comunidad organizada, no puede alcanzar, y la salvación en esta etapa es un misterio entre la relación de la persona con el Absoluto Trascendente, Dios.
Un segundo aspecto de discriminación de esta doctrina es respecto a las personas o fes diferentes a las cristianas. Aunque la Iglesia ahora afirma la posibilidad de salvación a través de otras religiones, el peso de la tradición cristiana ha sido, en su explicación del pecado original, de tal manera que el remedio para éste, se dice, es a través de la Iglesia y gracias a los méritos de Cristo. Esto no causa muchas dificultades en las sociedades europeas y americanas, donde todos presumen tener la oportunidad del bautismo, y por lo tanto, el poder deshacer el daño del pecado original.
La perspectiva tradicional del pecado original está ligada a un concepto de Dios que no es aceptable para las religiones de nuestros países asiáticos. En estos países, la idea de una humanidad que ha nacido separada del Creador, podría verse como un concepto abominable hacia lo divino. El creer que generaciones enteras en los continentes vivieron y murieron con menos oportunidades de salvación es repugnante con la noción de un Dios justo y amoroso.
De hecho, parte de la causa de los excesos del celo misionero contra otras religiones fue debido a que tal perspectiva teológica incluía “fuera de la Iglesia no hay salvación”. San Francisco Javier dijo que iba como maniático en busca de almas para salvar del infierno. La teología y espiritualidad tradicional tienen tal confianza, que los misioneros irían al fin del mundo para salvar almas. La gente tenía que bautizarse para ser salvada, y así, incluso se realizaron bautismos en útero, cuando peligraba la vida del feto. Este fue el impacto del concepto del pecado original. (…)
La afirmación de la Iglesia, como guiada por el Espíritu de Verdad, no evita que los teólogos y los pastores de la Iglesia dejen lugar para su imaginación teológica. Esto es particularmente probable en materias donde no existen evidencias empíricas o criterios de verificación positiva, y no hay claras afirmaciones bíblicas. Pero los problemas surgen cuando las conclusiones de tal evolución teológica son dañinas para los otros o para toda la humanidad. Entonces tenemos el derecho de preguntar, cómo es que uno está seguro de que estas enseñanzas vienen del Espíritu Santo. ¿Podrían estar éstas influenciadas por las suposiciones y presunciones de los teólogos, que por propio interés de grupo “teologizan”, incluso por el “don” de la imaginación teológica, que puede ser muy fértil e ingeniosa y que involucra fórmulas para satisfacer las necesidades de un grupo de creyentes, especialmente cuando ellos ejercen el poder del dominio político, cultural y espiritual en una sociedad?
Aquí, nuestro criterio al evaluar las doctrinas puede ser muy útil. Si una doctrina es deshumanizadora para una categoría de personas o los afecta excesiva e injustificablemente, no puede venir de Dios quien es todo amor o de Jesús quien fue tan humanamente divino en todas sus enseñanzas y en su vida. Tenemos entonces el derecho de cuestionar los frutos de la imaginación por la cual muchos claman que bajan por inspiración del Espíritu Santo, incluso si tales doctrinas han prevalecido en la Iglesia por siglos.
[De Mary and the Human Liberation (María y la Liberación de la Humanidad), Logos, Colombo, Marzo/Julio 1990, pp. 80-85].
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Segundo texto. Diálogo budista-cristiano entre los religiosos. [Punto de vista modernista] Por Msgr. W. L. A. Don Peter
Exrector del Seminario Arquidiocesano de Colombo [Sri Lanka], del Colegio San José, Colombo, del Colegio Aquino de Estudios Avanzados, Vicario General de la Arquidiócesis de Colombo, etc. En este artículo, Msgr. Peter acepta la posibilidad de santificarse sin Jesucristo, quien dijo «separados de Mí no podéis hacer nada» Jn. XV, 5, confundiendo el orden natural, el orden sobrenatural y los valores, con el pelagianismo puro, promovido por el Budismo.
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La actitud cristiana hacia el monasticismo budista.

Msgr. W. L. A. Don Peter (✝2008, 24 de abril)
Siendo el Budismo la religión más extendida en Oriente, y la religión en la cual el monasticismo ha tenido una posición preeminente, los misioneros cristianos de Occidente, quienes en el curso de varios siglos pasados se involucraron en la labor de evangelización en varios países budistas de Asia, deberían haber mostrado un interés más vivo del que se tuvo, especialmente porque ellos mismos fueron miembros de órdenes religiosas: franciscanas, dominicas, jesuitas, etc. Su actitud, por el contrario, fue triunfalista, indiferente y odiosa, y algunas veces incluso intolerante y hostil. (…)
Debemos entender la actitud de los misioneros europeos a la luz de varias circunstancias que ocurrieron en su tiempo. Primero, ellos estaban convencidos de la exclusividad del Cristianismo, como la única religión verdadera y revelada, y tendían a mirar hacia abajo a las otras religiones, particularmente a sus ministros, como si fuesen pordioseros y a quienes consideraron como maestros del error. Para ellos, otras religiones eran paganas e idólatras y no les mostraban ningún aprecio.
Segundo, fue generalmente a la estela de los conquistadores que los misioneros llegaron a Oriente, y ellos estuvieron con ellos de forma muy cercana, siendo protegidos, apoyados y favorecidos. Los misioneros compartieron los sentimientos imperialistas de los poderes coloniales. También llegaron a “conquistar” el Oriente para Cristo, “la conquista espiritual del Oriente” y algunas veces resultó en medios agresivos y cuestionables para lograr su objetivo.
Tercero, los misioneros mismos creyeron, junto con los Occidentales, en la superioridad de la cultura occidental, la cual era cristiana (…) En su intento de propagar el Cristianismo en Oriente, los misioneros buscaron también introducir los elementos culturales europeos en las sociedades orientales. Con sinceridad pensaron que de esta manera hacían un bien a los pueblos orientales, dándoles algo mejor y más noble que lo que tenían (…)
Cuarto, las culturas orientales estaban tan fuertemente entretejidas con las religiones orientales, que los misioneros de occidente encontraron dificultades para distinguirlas, y denunciaron que tanto las religiones como las culturas eran paganas (…)
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Desde hace mucho se ha considerado que las religiones no-cristianas son “paganas” y tendemos a ignorarlas y mantenernos a distancia cuando las conversiones no fueron posibles. Es cierto que tal actitud no permite el diálogo interreligioso, con el resultado de que nuestro conocimiento sobre el Budismo y el monasticismo budista ha permanecido vago y superficial, si no es que erróneo y desviado.
Los religiosos cristianos en particular, deberían haber estado especialmente interesados en la visión budista, por el hecho de que es una forma de vida religiosa y monacal, paralela a la suya, existente en el Budismo, pero desafortunadamente no ha sido así (…) Tampoco debemos pasar por alto el hecho de que existen religiosos ejemplares entre los monjes budistas, así como los hay en las órdenes religiosas cristianas.
Los religiosos cristianos buscan la perfección espiritual siguiendo la guía de la palabra revelada de Dios en los Evangelios, esto es, en los consejos evangélicos. El monasticismo budista es el resultado del comportamiento humano para evolucionar a un sistema o forma de vida para alcanzar un objetivo similar. Ha tenido especial valor en esto, el esfuerzo hecho por el hombre para alcanzar la santidad sin la guía directa de la revelación divina. Apreciamos los logros del hombre en la ciencia y la tecnología, pero deberíamos valorar mucho más el logro humano, sin duda con la ayuda de Dios, en el orden espiritual. El Concilio Vaticano II nos recuerda que las fes no-cristianas contienen «riquezas que Dios generoso ha distribuido a las gentes» (Ad Gentes, 11). Además, los religiosos cristianos humildemente deberían buscar en la vida religiosa budista algo que pudiese ser provechoso para ellos mismos. El estudio del monasticismo budista, no sólo lo que es ahora sino lo que ha sido en el pasado, indudablemente será una experiencia enriquecedora para ellos. Al mismo tiempo, ellos deberían buscar, en un espíritu de caridad cristiana, compartir con los religiosos budistas, cuando exista la oportunidad para ello, su propia experiencia de vida religiosa (…)
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En la mente de la mayoría de los orientales, el Cristianismo es una religión occidental, la religión del hombre blanco, del Occidente imperialista. Esta impresión es debida, de nuevo, a razones históricas. Aunque el origen del Cristianismo es asiático, como otras religiones del mundo (hinduismo, budismo, islamismo), se trasladó en épocas muy tempranas al occidente y evangelizó Europa, y durante este proceso se europeanizó. Fue esta forma europea de Cristianismo la que posteriormente se introdujo al Oriente, por los europeos mismos, y, en la mayoría de los casos, bajo dominadores europeos. El prejuicio en contra del Cristianismo, como la religión del Occidente agresor, aún persiste, y es considerada como la religión invasora de Oriente.
Es un hecho que durante el imperialismo occidental, el Budismo sufrió. El dominio extranjero fue un revés para el Budismo y el monasticismo budista. Los monjes, que habían tenido una posición preeminente bajo el dominio de los gobernantes budistas y que los habían favorecido, ahora los ignoraban. El Cristianismo, la religión del poder extranjero, recibió un tratamiento favorable del gobierno. El clero cristiano se alzó a una posición de preeminencia que antes tenían los monjes budistas. Los cuerpos misioneros cristianos abrieron escuelas, con frecuencia con ayuda del gobierno, donde los nativos cristianos recibían buena educación, lo que les permitió asegurar altas posiciones y escalar los peldaños de la escala económica y social. Los budistas, no teniendo tales oportunidades, o no estando organizados como las iglesias cristianas, no pudieron aprovechar las oportunidades que tuvieron y fueron relegados a una segunda posición, incluso cuando constituían la mayoría de la población. Fue sólo después de la independencia que esos esfuerzos comenzaron a restaurar al Budismo y al monasticismo budista a su antigua posición.
Los poderes colonialistas, algunas veces con interés, apoyaron a la Iglesia en sus esfuerzos misioneros. El dominio colonial colocó a la Iglesia en una posición de ventaja. Bajo el domino de los poderes cristianos de Occidente, se realizó un esfuerzo determinado en convertir a los pueblos nativos al Cristianismo. Este esfuerzo algunas veces fue opresivo hacia las religiones tradicionales. Aunque los argumentos que acusan coacción con el fin de conseguir conversos, no se pueden sostener, es un hecho que se utilizaron otros métodos dudosos para ganar conversos, como favores, privilegios, ascensos, beneficios sociales y educativos, etc.
Los pueblos orientales saben por la historia y la experiencia que los cristianos tienen muchas ansias para ganar conversos. Esto ha hecho que el diálogo sea difícil. Ellos tienen la sospecha de que nuestra última intención es ganarlos para el Cristianismo. De hecho, incluso nuestra actitud actual de amistad hacia las otras religiones y nuestros esfuerzos hacia el diálogo han sido tomados con sospecha. Incluso ha sido considerado que a través de esta nueva actitud de la Iglesia es una forma sutil, un nuevo ardid, para ganar conversos. Es cierto que tal sospecha es un obstáculo para el diálogo libre y amigable (…)
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De lo anterior, pueden establecerse algunas conclusiones prácticas.
1. Ciertamente es más deseable que los religiosos cristianos debieran buscar el diálogo con los religiosos budistas. Tal diálogo será beneficioso para ambos, y para la causa de la religión en general.
2. El objetivo del diálogo no debe ser la conversión de los religiosos budistas al Cristianismo, o viceversa. Debería dejarse en claro a los budistas que nuestra intención no es convertirlos. Debemos ser sinceros en este punto. De otra manera, el diálogo genuino no será posible. Pero, por supuesto, debe haber completa libertad para cambiar de religión si ese es el deseo.
3. El diálogo debería buscarse, no con un espíritu de triunfalismo, sino con profunda humildad, no desde un pedestal, sino desde el mismo plano, no como un superior tratando con un inferior, sino como encuentros entre hermanos.
4. El objetivo debería ser el diálogo para conocerse mejor uno a otro, tanto como personas como religiosos. Tal conocimiento llevará a un mejor entendimiento de uno hacia otro en los diferentes aspectos de la vida religiosa, comunes a ambos. El conocimiento correcto también disipará el prejuicio, y sólo entonces, la apreciación genuina de uno hacia otro será posible.
5. El diálogo deberá también tener el objetivo de una cercana asociación. Los religiosos cristianos y los religiosos budistas tienen objetivos similares, según la enseñanza de cada religión, y, al menos parcialmente, una forma de vida similar. Por lo tanto, al vivir esa vida, ¿no deberían estar estrechamente asociados en un espíritu e interés de hermandad de uno hacia otro? (…)
6. En su reclusión en el templo o vinhdra, los monjes budistas han sido capaces de dedicar mucho tiempo al estudio. En la historia del monasticismo budista, ha habido monjes quienes se distinguieron como eruditos, escritores y educadores. La tradición del estudio se ha mantenido en la mayoría de los países budistas. ¿No deberían los religiosos cristianos asociarse con los religiosos budistas en estudios conjuntos, vida religiosa y en temas afines o en cualquier tema de común interés?
7. Es un hecho que a partir del crecimiento de la prosperidad material, especialmente en los países desarrollados de Occidente, este despertar ha traído un desprecio hacia los valores e ideales religiosos. El espíritu de secularismo aflige a la Iglesia, particularmente en Occidente. La laxitud en la vida moral, especialmente respecto al sexo, el movimiento para liberarse del celibato sacerdotal, el éxodo en las vocaciones sacerdotales y la vida religiosa, la escasez de sacerdotes y seminaristas son quizás indicadores de la extensión en la que los mismos católicos han caído bajo esta funesta influencia de materialismo y secularismo. Lo que ha pasado al Cristianismo en Occidente podría, en el corto plazo, ser el destino de las religiones orientales también.
¿No deberían los religiosos cristianos por lo tanto unir sus manos con los religiosos budistas para combatir las fuerzas del secularismo en las sociedades modernas, por medio de la palabra escrita y hablada, por el ejemplo de sus vidas y por cualquier otro medio disponible? En esta empresa, los religiosos cristianos deberían ver a un aliado en los religiosos budistas, desde donde están, en el Oriente, donde el espíritu de la religión todavía prevalece más esparcido, y los valores e ideales espirituales son estimados. [De: Studies in Buddhism (Estudios sobre Budismo) por Mons. W. L. A. Don Peter, Colombo (Sri Lanka), 1994, pp. 73-82].
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Primer texto. Santo Tomás de Aquino.
En los siguientes artículos de la Suma Teológica, Santo Tomás refuta varios puntos, los cuales aplican perfectamente a la enseñanza del Budismo que se promueve desde el falso ecumenismo. ¿Puede uno obtener la perfección, esto es, observar todos los Mandamientos, evitar el pecado, alcanzar el Cielo, sin la ayuda de Dios? Los budistas responden que sí, ya que ellos no reconocen la necesidad de la gracia de Nuestro Señor Jesucristo. Santo Tomás, el Doctor Común de la Iglesia dice, con todos los Padres, con toda la Tradición y la enseñanza de la Iglesia, no, absolutamente no.
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¿Puede el hombre cumplir los preceptos de la ley sin la gracia y con solas sus fuerzas naturales? (1a2ae, q.109, a4)
Contra esto: está lo que dice San Agustín en el libro De haeresibus de que pertenece a la herejía de los pelagianos creer que el hombre puede cumplir todos los preceptos divinos sin la gracia.
Respondo: Los mandatos de la ley pueden ser cumplidos de dos modos. Uno, en cuanto a la sustancia de las obras, es decir, realizando actos de justicia, de fortaleza y de las demás virtudes. Y en este sentido, en el estado de integridad, podía el hombre cumplir todos los mandatos de la ley. De lo contrario, en aquel estado tendría que pecar por necesidad, ya que el pecado no consiste sino en incumplir los mandatos divinos. Pero en el estado de naturaleza caída no puede el hombre guardar todos los preceptos divinos sin ser previamente curado por la gracia.
El otro modo consiste en cumplir los preceptos de la ley no sólo en cuanto a la sustancia de las obras, sino además según un modo conveniente, es decir, por caridad. Y de esta forma no puede el hombre observar los preceptos legales ni en el estado de naturaleza íntegra ni en el de naturaleza corrupta. De aquí que San Agustín, habiendo dicho en el libro De corrept. et gratia que sin la gracia no hacen los hombres absolutamente ningún bien, añade: porque necesitan de ella no sólo para que, bajo su dirección, sepan lo que deben obrar, sino también para que, con su ayuda, cumplan por amor lo que saben. En ambos estados, para observar los mandamientos, necesitan además el impulso motor de Dios, como ya queda dicho. [http://hjg.com.ar/sumat/b/c109.html#a4]
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¿Puede el hombre merecer la vida eterna sin la gracia? (1a2ae, q.109, a5)
Contra esto: está lo que afirma el Apóstol en Rom VI,23: La gracia de Dios es la vida eterna; lo cual, según la Glosa, se dice para que comprendamos que Dios nos llevará a la vida eterna por su misericordia.
Respondo: Para que nuestros actos nos conduzcan a un fin tienen que ser proporcionados a este fin. Por otra parte, ningún acto sobrepasa la medida de su principio activo. Y así vemos en las cosas naturales que ninguna alcanza a producir con su propia operación un efecto superior a su capacidad activa, sino únicamente efectos proporcionados a esta capacidad. Ahora bien, la vida eterna es un fin que sobrepasa la naturaleza humana y que no guarda proporción con ella, como consta por lo ya dicho. Luego el hombre, con sus recursos naturales, no puede producir obras meritorias proporcionadas a la vida eterna. Para esto necesita una fuerza superior, que es la fuerza de la gracia. Sin la gracia, pues, no puede el hombre merecer la vida eterna; aunque sí puede realizar acciones que le conduzcan a algún bien connatural suyo, como trabajar en el campo, beber, comer, cultivar la amistad, y cosas semejantes, según dice San Agustín en la tercera respuesta contra los pelagianos. [http://hjg.com.ar/sumat/b/c5.html#a5]
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¿Puede el hombre adquirir la bienaventuranza por sus medios naturales? (1a2ae, q.5. a5)
Contra esto: el hombre es naturalmente el principio de sus actos mediante el entendimiento y la voluntad. Pero la bienaventuranza última, que está preparada para los santos, supera el entendimiento y la voluntad del hombre; pues dice el Apóstol, en 1 Cor 2,9: Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni ha llegado hasta el corazón del hombre lo que Dios tiene preparado para quienes le aman. Por consiguiente, el hombre no puede conseguir la bienaventuranza por sus medios naturales.
Respondo: La bienaventuranza imperfecta, que puede tenerse en esta vida, puede adquirirla el hombre por sus medios naturales, del mismo modo que también puede adquirir la virtud, en cuya operación consiste; pero de esto se tratará después. Sin embargo, la bienaventuranza perfecta del hombre consiste en la visión de la esencia divina, como ya se dijo. Ahora bien, ver a Dios por esencia es superior no sólo a la naturaleza del hombre, sino también a la de toda criatura, como se demostró en la primera parte; pues el conocimiento de cualquier criatura es según el modo de su sustancia, como se dice a propósito de la inteligencia en el libro De causis, que conoce lo que está sobre ella y lo que le es inferior, según el modo de su sustancia. Pero todo conocimiento según el modo de una sustancia creada es insuficiente en la visión de la esencia divina, que supera infinitamente toda sustancia creada. Por consiguiente, ni el hombre, ni ninguna otra criatura, puede conseguir la bienaventuranza última por sus medios naturales. [http://hjg.com.ar/sumat/b/c5.html#a5]
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¿Puede el hombre evitar el pecado sin la gracia? (1a2ae, q.109, a8)
Contra esto: está lo que dice San Agustín en el libro De perfect. iust.: A quien niega que necesitemos orar para no caer en la tentación (y lo niega quien sostiene que no se necesita la ayuda de la gracia de Dios para no pecar, sino que, supuesto el conocimiento de la ley, basta la voluntad humana), no dudo en afirmar que nadie debe prestarle oídos y que debe ser anatematizado por todos.
Respondo: El hombre puede ser considerado, bien en el estado de naturaleza íntegra, bien en el estado de naturaleza corrupta. En el primero de estos estados podía el hombre, aun sin la gracia, evitar el pecado, tanto mortal como venial, puesto que pecar consiste en apartarse de lo que es conforme a la naturaleza, y esto podía el hombre evitarlo cuando su naturaleza estaba intacta. Necesitaba, sin embargo, el auxilio de Dios, que le conservara en el bien, puesto que sin este auxilio la naturaleza misma caería en la nada.
Mas en el estado de naturaleza corrupta, para evitar todo pecado, necesita el hombre la gracia habitual, que venga a restaurar la naturaleza. Sin embargo esta restauración, durante la vida presente, se realiza ante todo en la mente, sin que el apetito carnal sea rectificado por completo. De aquí que San Pablo, asumiendo la representación del hombre reparado, diga en Rom 7,25: Yo mismo, con el espíritu, sirvo a la ley de Dios, pero con la carne, a la ley del pecado. Por lo demás, en este estado, el hombre puede evitar el pecado mortal, que radica en la razón, como se expuso arriba; pero no puede eludir todo pecado venial, debido a la corrupción del apetito inferior de la sensualidad, cuyos movimientos pueden ser reprimidos por la razón uno a uno (de aquí su condición de pecado y acto voluntario), pero no todos ellos, porque mientras atiende a uno se le desmanda otro, y tampoco puede la razón mantenerse siempre vigilante para someterlos todos, como ya hemos dicho.
De igual manera, antes de que la razón humana en estado de pecado mortal sea reparada por la gracia santificante puede evitar los pecados mortales uno a uno y por algún tiempo, pues no es necesario que esté siempre pecando en acto. Pero es imposible que permanezca mucho tiempo sin pecar mortalmente. De aquí esta advertencia de San Gregorio en Super Ezech.: El pecado que no es borrado en seguida mediante la penitencia, por su propio peso conduce a otro pecado. La causa de esto es que, así como el apetito inferior debe estar sometido a la razón, la razón, a su vez, debe estar sometida a Dios, en quien ha de poner el fin de sus apetencias. Pues los actos humanos deben ser regulados por el fin, al igual que los movimientos del apetito inferior tienen que ser guiados por el juicio de la razón. Ahora bien, lo mismo que en el apetito inferior no sometido plenamente a la razón es inevitable que surjan de vez en cuando movimientos desarreglados, así también tienen que aparecer movimientos desordenados en la razón natural que se encuentra en estado de insubordinación a Dios. Porque cuando el hombre no tiene su corazón de tal manera fijo en Dios que ni por conseguir provecho ni por evitar daño consienta en apartarse de El, le salen al encuentro multitud de cosas que, por alcanzarlas o por rehuirlas, le inducen a apartarse de Dios por la infracción de sus mandatos, y así cae en el pecado mortal. Sobre todo, porque cuando tiene que actuar de improviso, el hombre obra de acuerdo con fines prefijados y con hábitos previamente adquiridos, según observa el Filósofo en III Ethic. Mediante la premeditación puede, sin duda, eludir en alguno de sus actos el condicionamiento de los fines preconcebidos y de las inclinaciones habituales. Pero, como no puede mantenerse siempre en estado de premeditación, es imposible que permanezca mucho tiempo sin obrar a impulsos de la voluntad insubordinada a Dios, a no ser que sea prontamente reintegrada por la gracia a su debida subordinación.
Objeción 1. Según dice San Agustín en los libros De duab. animab. y De lib. arb., nadie peca en aquello que no puede evitar. Ahora bien, si el hombre que está en pecado mortal no pudiera evitar un nuevo pecado, parece que no pecaría al pecar. Lo cual es contradictorio.
Respuesta a la objeción 1. El hombre puede evitar cada uno de los pecados en particular; pero para evitarlos todos necesita la gracia, como acabamos de decir. Sin embargo, si no se dispone para recibir la gracia, es por culpa suya. Por eso no queda exento de pecado por el hecho de que no pueda evitar el pecado sin la gracia. [http://hjg.com.ar/sumat/b/c109.html#a8]
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Segundo Texto. La consideración de un filósofo hacia el Budismo. (Jacques Maritain, en An Introduction to Philosophy (Introducción a la Filosofía), Sheed and Ward, 1947, pp.33-37)
A partir del siglo VI en adelante, surgieron nuevas escuelas filosóficas en la India, algunas ortodoxas, otras heterodoxas. De éstas, la principal fue la fundada por Cakya-Muni, llamado el Buda (el iluminado, el sabio). El Budismo, una doctrina esencialmente negativa y disolvente, dirigida en mayor medida a la práctica que a la especulación, podría ser considerada como la corrupción y disolución de la filosofía brahmánica.
Sustituyendo lo que es por lo que ha sido, negándose a decir si algo existe o no existe, y admitiendo sólo una sucesión de formas transitorias, sin fundamentos fijos o principios absolutos, en otras palabras, subordinando el ser a lo que es conocido o hecho, mostró, en el momento en que Heráclito en Grecia formulaba la filosofía de flujo, todas las características de un perfecto sistema evolutivo, si declaró la existencia de Dios, fue como ser sustancial y alma inmortal desconocido (al modo agnóstico), y su tendencia real fue hacia negar la existencia de Dios (ateísmo), y hacia la sustitución de cualquier sustancia en una especie de corriente o flujo, considerada ésta, por supuesto, como algo verdadero en sí, o por formas, o por fenómenos (fenomenalismo). «Todo está vacío, todo es insustancial», fue un dicho de Buda.
De aquí que para la metempsicosis budista, es decir, la reencarnación, consista en una cadena continua de pensamientos y sentimientos (una corriente de consciencia o de pensamientos, como podríamos decir hoy), pasando de un modo de existencia a otro, en virtud de alguna especie de impulso hacia la vida, debido, en sí mismo, al deseo de vivir: es este deseo el cual causa la existencia y por el que “somos lo que hemos pensado”.
Al mismo tiempo, la enseñanza de la liberación del sufrimiento, más que en el Brahmanismo, domina en todo el sistema del Budismo, y asume una forma diferente e incluso más radical. El mal ya no es sólo la posesión de la existencia individual o personal, el mal es la existencia misma: el ser es un mal, y el deseo de la existencia es la raíz de todo el sufrimiento. El hombre sabio debe, por lo tanto, destruir en sí mismo el gran apego natural del hombre hacia la existencia y hacia el ser, hacia la plenitud del ser; él debe abandonar toda esperanza y extinguir todo deseo. Así, él deberá alcanzar el estado de vacío o indeterminación total, llamado nirvana, literalmente desnudez, metafóricamente la inmortalidad, el refrescar, el estado más lejano (el término en sí es indefinido, nunca fue definido por Buda), este estado lo liberará del mal de la existencia y del yugo de la transmigración, y el cual, por consecuencia lógica con los principios budistas, debe ser considerado como la aniquilación del alma misma, ya que el alma es la única cadena o corriente de pensamientos y sentimientos, los cuales derivan su existencia del deseo de ser, el extinguir este deseo es extinguir el alma.
Este nirvana es el objetivo para cuya consecución el Budismo ha hecho uso de prácticas ascéticas, las cuales fueron tomadas con considerable mitigación del Brahmanismo, así como también su código moral, el cual es dirigido, no hacia Dios, sino a las especies de la nada mística como su fin último. Aquí entenderemos código moral en un sentido muy amplio, significando código de conducta. Si la expresión es tomada implicando una obligación moral, cuyo fundamento último es la doctrina cristiana de Dios, el Creador trascendente, debemos concluir que el Budismo, así como en realidad en todas las religiones orientales, de la India o de China, no tienen código moral. Además, la fuente y última medida de la ética budista es el hombre, no Dios. Si rechazó el sistema de castas, el cual exageraba las demandas de orden social y dividía al hombre casi en especies distintas, fue sólo por disolver el orden social, de la clase que fuese, a un estado de absoluta igualdad e individualismo. Y aunque prescribe una benevolencia universal, la cual se extiende incluso en la prohibición del sacrificio de animales y a un vegetarianismo compulsivo, las limosnas, el perdón de las injurias y la no-resistencia a los malvados, su motivo no fue el amor al prójimo como tal, cuyo bien positivo y, por implicación, a la existencia, estamos ligados por la voluntad, sino por el motivo de escapar del sufrimiento propio al extinguir toda acción y energía en una especie de éxtasis humanitario. El Budismo es, por lo tanto, la prueba de que la mansedumbre y la piedad cuando no están reguladas por la razón y dictadas por el amor, pueden deformar la naturaleza humana, del mismo modo que la violencia, ya que éstas son manifestaciones de cobardía, no de caridad. Esta doctrina de la desesperanza no sólo es una herejía desde el punto de vista del Brahmanismo, sino que es una plaga intelectual para la humanidad, ya que procede de la negación de la razón. No es, por lo tanto, sorprendente que encontremos en esta creencia la mayoría de los errores fundamentales que podemos encontrar en los movimientos inspirados en el ataque a la razón. Si en el presente el Budismo ha tenido una bienvenida calurosa entre ciertos círculos en Europa, es debido a que todos aquellos, cuya esperanza se deriva de un humanitarismo, de un código moral, de una bondad humana y pugnaban por la aceptación de una sociedad atea, ya eran en realidad, implícitamente budistas.
El Budismo es una filosofía agnóstica y atea, la cual, sin embargo, usurpa las funciones sociales y los rituales de una religión. Es debido a que es presentada como religión que ha ganado la lealtad de millones. Sin embargo, en proporción directa a su amplia aceptación, el Budismo ha cesado de ser ateo, sólo para caer en la más degradante concepción de deidad. El Budismo popular, como se practica hoy en muchas partes de Asia, y donde para adaptarse a las creencias existentes ha asumido las formas más variadas, no es más que una forma de idolatría, totalmente diferente del Budismo filosófico. Por otro lado, en algunas otras escuelas que se originan en el Brahmanismo, reconocidas como ortodoxas, encontramos una tendencia hacia una distinción normal entre filosofía y religión.
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Tercer Texto. Algunos otros defectos del Budismo. De The Catholic Encyclopedia (La Enciclopedia Católica), 1908, vol. 3, pp. 33-34.
Debido a que las características más distinguidas y legendarias de la vida de Buda, muchas de las cuales se encuentran por primera vez en trabajos de fecha posterior a los Evangelios, es que se pueden encontrar las más sorprendentes coincidencias con Cristo, que se narran en los Evangelios, semejanza que podría ser rastreada, con mayor razón, hasta un origen común histórico. Si aquí ha ocurrido un plagio, ha sido totalmente de parte del Budismo. El que el Cristianismo se haya abierto camino hacia el norte de la India en los primeros dos siglos no sólo es materia de respetable tradición, sino también es apoyada por el peso de la evidencia arqueológica, por eruditos de reconocida habilidad, más allá de las sospechas de imparcialidad a favor del Cristianismo. Weber, Goblet d’Alviela y otros, piensan que es muy probable que los relatos de los Evangelios sobre Cristo hayan circulado por las primeras comunidades cristianas en la India, donde fueron utilizados por los budistas para enriquecer la leyenda del Buda, así como los visnuitas construyeron la leyenda de Krishna sobre muchos llamativos incidentes en la vida de Cristo.
Nota del Editor: en Sri Lanka, los budistas muestran muchas estatuas de Buda en clara rivalidad con las estatuas católicas, y en algunas partes son muy numerosas. Incluso existe una diosa budista de la misericordia, copiando a Nuestra Santísima Señora. Algunas veces incluso, como en Vietnam, algunas estatuas de Buda lo representan con su mano derecha levantada ¡como si fuese a bendecir!
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Un defecto fundamental en el Budismo primitivo es su fallo para reconocer la dependencia del hombre al Dios supremo. Al ignorar a Dios y haciendo que la salvación solamente descanse en un esfuerzo personal, Buda sustituyó la religión de los Brahmanes por un sistema filosófico frío y descolorido. Carece totalmente de aquellos poderosos motivos de la conducta correcta, particularmente del motivo del amor, que nace del sentido de dependencia al Dios personal y quien es todo amor. Así es que en el análisis, la moral budista está sólo en el utilitarismo egoísta. No existe sentido del deber, como en la religión de Cristo, el cual surge de la reverencia a un Legislador supremo, por amor a un Padre misericordioso, por una lealtad personal al Redentor. El Karma, el fundamento de la moral budista, es como cualquier otra ley natural, y cuya observancia sólo está motivada por consideraciones de prudencia.
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Otro defecto fatal del Budismo es su equivocado pesimismo. Una mente fuerte y saludable se rebela en contra de la visión malsana de que la vida no vale la pena vivirla, que cada forma de existencia consciente es un mal. El Budismo permanece condenado por la voz de la naturaleza, cuyo tono dominante es la esperanza y la alegría. Es una protesta en contra de la naturaleza por poseer la perfección de la vida racional. La más alta ambición del Budismo es destruir esta perfección al llevar a todos los seres hacia el reposo de la inconsciencia del Nirvana. El Budismo es así culpable de un crimen capital en contra de la naturaleza, y en consecuencia es una injusticia en lo individual. Todos los deseos legítimos deben ser reprimidos, las recreaciones inocentes son condenadas, el cultivo de la música está prohibido, la investigación de la ciencia natural está desaprobada. El desarrollo de la mente se limita a memorizar algunos textos budistas y al estudio de la metafísica budista, de la que sólo un mínimo tiene algún valor. El ideal budista sobre la tierra es la indiferencia pasiva a todo.
¡Qué diferente es la enseñanza de Aquel quien dijo a los hombres que debían vivir bien y tener vida en abundancia!
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De nuevo, el pesimismo budista es injusto para la familia. El matrimonio es despreciado e incluso aborrecido ya que lleva a la procreación de la vida. En el matrimonio, por lo tanto, el hombre está considerado como si se encontrara en un estado indigno, el Budismo revela así su inferioridad frente al Cristianismo, el cual elogia la virginidad, pero al mismo tiempo enseña que el matrimonio es unión sagrada y fuente de santificación.
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El pesimismo budista también le hace una injusticia a la sociedad. Éste ha puesto su sello de aprobación ante el prejuicio brahmánico en contra del trabajo manual. Ya que la vida no vale la pena vivirla, el trabajar para las comodidades y refinamientos de la vida civilizada es un engaño. El hombre perfecto debe subsistir no por la labor de sus manos, sino de las limosnas de los hombres inferiores. En la religión de Cristo, “el hijo de un carpintero”, prevalece una visión más sana: la dignidad del trabajo es confirmada y toda forma de industria es estimulada mientras tienda a promover el bienestar (integral) del hombre.
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Poco edificante para con la humanidad.
El Budismo ha realizado muy poco para edificar a la humanidad en comparación con el Cristianismo. Una de sus características más atractivas, la cual, desafortunadamente se ha convertido en algo menos que obsoleto, fue su práctica de la benevolencia hacia los enfermos y los necesitados. Entre los budistas y brahmanes había una recomendable rivalidad por mantener dispensarios de comida y medicinas. Pero esta caridad no se extiende, como en el Cristianismo, a los cuidados prolongados de los desafortunados afectados con enfermedades contagiosas o incurables, al cuidado de los desamparados, a la crianza de los huérfanos, al rescate de las mujeres en desgracia, o al cuidado de los ancianos o los dementes. Los asilos y los hospitales, en este sentido, son desconocidos para el budismo. En Sri Lanka, en las décadas pasadas, gracias al financiamiento y ayuda de budistas japoneses, es que los budistas locales han abierto aquí y allá algunos asilos de ancianos y para huérfanos. La consagración de varones y mujeres religiosos al servicio vitalicio y hacia el auxilio de la humanidad en aflicción, es un sueño extraño para el monasticismo budista.
De nuevo, la maravillosa eficacia mostrada por la religión de Cristo al purificar la moral de la Europa pagana no tiene paralelo en los anales budistas. Doquiera que la religión de Buda ha prevalecido, se ha demostrado su singular ineficiencia para levantar a la sociedad hacia un nivel de moral elevado. No ha desalentado a los pueblos del Tíbet y de Mongolia de su costumbre de abandonar a los ancianos, ni a los chinos de su práctica del infanticidio. Fuera del establecimiento del orden de las monjas, casi no ha hecho nada para elevar a la mujer de su estado de degradación en las tierras orientales. Ha demostrado así, ser incapaz de hacer frente a las plagas morales de la humanidad.
Charles F. Aiken.
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Traducción de Alejandro Villarreal de bibliaytradicion.wordpress.com
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Con razòn decia S Pio X en su enciclica Pascendi, que los enemigos mas peligrosos de la Iglesia estaban dentro de ella, es muy sutil el veneno que destilan estos 2 clerigos modernistas, que sin atacar directamente a Jesucristo razonan a la manera humana, como si Dios tuviera que estar atenido a los caprichos de la veleidad humana, cuando el evangelio es muy claro en su mensaje, cuando S. Marcos en su evangelio en el capitulo 16, versiculos del 15 al 17 nos dice textualmente: “Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva. El que crea y se bautice, se salvarà. El que se resista a creer, se condenara”
Ellos, contradicen a S. Pablo, quien al principio de su carta a los Galatas dice, que quien predique otro evangelio diferente al que hemos anunciado, ¡Sea anatema! tan es asì que fr. Tissa fuè excomulgado, y luego sin retractarse, fuè reabilitado.
Por: Andy_Barr el Miércoles, diciembre 21, 2011
a las 21:01
Así es, y estos dos sólo parecen tener razones sentimentaloides y una resistencia y temor increíbles para evangelizar, sus razones son a todas luces ridículas, es como pedir clemencia para un contrincante (el Budismo) que no tiene la menor oportunidad ante la fuerza avasalladora de la Iglesia de Jesucristo (la católica, por supuesto).
Por: Alejandro Villarreal el Miércoles, diciembre 21, 2011
a las 22:02
¡Qué feo se la jala este maldito ateo!
Por: Wulfrano Ruiz Sainz el Miércoles, diciembre 21, 2011
a las 21:55
@ Alejandro y Andy. ¿Quién rehabilitó a ese maldito budista disfrazado de clérigo?
Por: Wulfrano Ruiz Sainz el Miércoles, diciembre 21, 2011
a las 22:41
Los hombres de la Iglesia actual, y en dicha Iglesia, como se ha mencionado una y otra vez, está mezclado el trigo y la cizaña, y donde es bien sabido que muchos modernistas ocupan puestos claves. Pero de allí a establecer la consabida teoría de la vacancia, difícil, muy difícil, antes, todo esto es motivo de redoblar esfuerzos por poner en práctica la solución del Cielo.
¿Será útil saber que quien firmó la notificación en 1997 sobre su estado fue el entonces Card. Ratzinger (exPrefecto de la Cong. de la Doc. de la Fe) y en la cual se incluye el sig. párrafo?: “Al hacer pública la presente Notificación, la Congregación se siente también obligada a declarar que el p. Tissa Balasuriya se ha desviado de la integridad de la verdad de la fe católica y, por tanto, no puede ser considerado teólogo católico, y además ha incurrido en excomunión latae sententiae (canon 1364 § 1).”
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El levantamiento de la excomunión se la debe este modernista de hueso colorado a su obispo y seguramente a toda una pandilla de modernistas que lo acompaña, el obispo de Colombo, Sri Lanka: “International solidarity for the realization of human rights for Catholics even within the Church has achieved an encouraging success” notes Elfriede Harth, spokesperson for the “Internationale Bewegung Wir sind Kirche” (the International Movement We Are Church). Harth is overjoyed at the Vatican‘s rehabilitation of the world-renowned liberation theologian Father Tissa Balasuriya. After five days of tough negotiations involving Sri Lanka and Rome, the Archbishop of Colombo, Mons. Nicolas Markus Fernando, read the communication which rescinded the excommunication of the 73 year old Oblate priest.”
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Este “sacerdote” tiene su blog y es desparpajadamente modernista, sin ocultarlo. He aquí su “declaración de reconciliación”: http://www.ewtn.com/library/ISSUES/ORTISSA.HTM
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Al parecer hubo la formalidad de la retractación, pero como se puede ver en su blog, parece que todo ello fueron palabras al viento, porque sigue en las mismas.
Por: Alejandro Villarreal el Miércoles, diciembre 21, 2011
a las 23:33
Esta es la Apostasia de la que nos previenen las Escrituras.
El Nombre del Unigenito Hijo de Dios siendo comparado con el de un mortal, y el unico Evangelio de Salvacion, siendo puesto al nivel de una filosofia comun.
Por: Omar Flores el Miércoles, enero 18, 2012
a las 7:18