Posteado por: Alejandro Villarreal | Miércoles, octubre 26, 2011

El pecado de Onán revisado

Título: El pecado de Onán revisado
Autor: R. P. Brian W. Harrison, O. S.
Original en inglés: The Sin of Onan Revisited -nov. 1996-
Traducción: Alejandro Villarreal -oct. de 2011-
Traducido y publicado aquí sin el consentimiento expreso del autor. Imágenes y notas añadidas

“Onanismo” es un término derivado de la narración del Libro del Génesis, capítulo XXXVIII,  versículos 9-10, el cual, dentro del uso cristiano tradicional ha designado tanto la masturbación como las relaciones sexuales innaturales [donde no se busca la procreación] entre un hombre y una mujer. Este no es un tema agradable de tratar, y en cierto sentido, este texto en sí representa una respuesta breve hacia aquellos quienes claman que esta clase de actos son éticamente indiferentes o inocentes. En otras palabras, la reacción ordinaria espontánea y negativa, que la gente decente tiene hacia tales prácticas es realmente un “mensaje” de Dios, quien les habla a través de la persistente voz de la conciencia moral.

R. P. Brian W. Harrisson. O. S., M. A., S. T. D. Profesor de teología en la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico. Nació en Sydney Australia en 1945. Converso del presbiterianismo al catolicismo en 1972. Es considerado doctrinalmente conservador, se opone a la hermenéutica de la ruptura y a los excesos del tradicionalismo.

La mayoría de los lectores recordarán que el tema de la masturbación estuvo en los titulares de los periódicos no hace mucho, cuando el presidente estadounidense, Bill Clinton, despidió a la Dra. Joycelyn Elders de su puesto de Directora General de Sanidad o Salubridad de los EE. UU., debido a su declaración pública, durante la presente crisis de SIDA, haciendo apología del “sexo en solitario” y para ser discutido con simpatía en las aulas escolares, como parte de la educación en la salud. La controversia rápidamente se esparció por todo Puerto Rico, donde reside el que escribe. Mientras que la Secretaria de Salud de la isla [de Puerto Rico], la Dra. Carmen Feliciano, expresando su apoyo al punto de vista de Elders, no perdió su trabajo por su declaración, a pesar de haber recibido muchas llamadas solicitando su despido por parte del portavoz de la Iglesia de Puerto Rico.

Aunque la mayor parte de la atención de los medios se dedicó a cuestionar si el punto de vista de Elders y Feliciano merecían el despido, debido a sus afirmaciones “liberales” acerca de la masturbación, el tema sustancial fue, por supuesto, si esta práctica debía ser discutida como una opción de “sexo seguro” para los escolares. Y sobre este punto, el gobernador de Puerto Rico, Pedro Roselló tomó rápidamente la misma posición que la del presidente Clinton, asegurando al electorado de la isla que toda discusión sobre ese tema estaba “definitivamente ausente de la agenda” para las escuelas públicas de Puerto Rico.

Como todos saben, vivimos tiempos en que los académicos “iluminados” y los medios de comunicación masivos expresan sus opiniones de forma indulgente y “sin prejuicios” hacia la masturbación, como fue el caso de la mencionada controversia del Prof. José R. Echevarría en el diario puertorriqueño, editado en inglés, San Juan Star [1]. Parece significativo, por lo tanto, que a pesar del permisivismo tan elocuente y ampliamente divulgado por parte de las élites culturales, y nuestros líderes políticos, no obstante exista el discernimiento firme y diligente de los votantes ordinarios, quienes no están dispuestos a tolerar el uso de sus impuestos para manchar la inocencia de sus niños, aprobando como benigno lo que es simplemente un vicio solitario.

Ahora, ya que las élites “progresistas” niegan que existan objeciones convincentes contra la masturbación, fundamentadas en la razón o la ley moral natural, entonces han tratado de atribuir su extendido “estigma” popular en contra de esta práctica a las influencias puramente fortuitas y externas: esto es, al “condicionamiento social” o al “lavado de cerebro” originado por los moralistas cristianos (y cuyas enseñanzas ellos frecuentemente distorsionan, como Echevarría distorsiona la opinión de San Agustín sobre el sexo antes del pecado original [2]). Pero la verdad es exactamente lo opuesto. Lo que ha sido manipulado artificialmente por el condicionamiento social, no es la creencia de que la masturbación es mala y auto degradante, sino la creencia de que es buena y natural [énfasis del P. Harrison]. Es decir, la experiencia de repugnancia y/o la culpa en respuesta a la perversión del orgasmo auto inducido, es natural, razonable y es una profunda reacción humana, y le sucede a cualquiera cuya conciencia moral no haya sido anestesiada por las influencias culturales decadentes o por un comportamiento lascivo habitual, y quienes son suficientemente maduros como para comprender que los órganos sexuales fueron diseñados naturalmente para una potencial unión procreativa y amorosa con otra persona del sexo opuesto. Con todo respeto al Prof. Echevarría, es nuestra propia anatomía la que nos enseña esta lección, ¡y no alguna teoría filosófica kantiana sobre hábitos sexuales de los animales! [3]

Igualmente engañoso es el argumento de Echavarría fundamentado en el “silencio” de la Biblia: él insinúa que los cristianos no deberían relacionar con ningún “estigma” la “auto-estimulación”, ya que “la condenación a la masturbación”, dice él, “no es un tema de las Escrituras”. ¿Nos llevaría él a las mismas conclusiones permisivas a partir del silencio de la Biblia respecto a la sodomía entre un hombre y una mujer, la pornografía, el sadomasoquismo y la necrofilia? Todas estas formas de degradación humana fueron bien conocidas en el mundo decadente grecorromano del tiempo del Nuevo Testamento, y por el sentido común, por no mencionar la decencia común, y que nos lleva a comprender que la Biblia, incluso prescindiendo de Gen. XXXVIII, los condena implícitamente, incluida la masturbación, en su repetida condena global y general a la “inmundicia” o la “impureza” [4]. La Escritura, en cualquier caso, no es la única depositaria de la doctrina cristiana: los católicos creemos que la Palabra de Dios también nos ha llegado a través de la Sagrada Tradición, la cual, como es claro en el Catecismo de la Iglesia Católica [5], firme y constantemente ha condenado la masturbación.

Es la Escritura, sin embargo, con la cual deseo fundamentar este ensayo, regresando al caso particular de Onán relatado en Gen. XXXVIII, 7-8. Argumentaré que todos aquellos estudiosos de la Biblia, de cuyos trabajos dependen comentadores como Echavarría, están muy lejos de considerarse confiables en su exégesis a este pasaje. El texto dice así:

«Er, primogénito de Judá, fue malo a los ojos de Yavé, y Yavé le mató. Entonces dijo Judá a Onán: “entra a la mujer de tu hermano, y tómala, como cuñado que eres, para suscitar prole a tu hermano”. Pero Onán, sabiendo que la prole no sería suya, cuando entraba a la mujer de su hermano se derramaba en tierra para no dar prole a su hermano. Era malo a los ojos de Yavé lo que hacía Onán, y le mató también a él.» [Nácar-Colunga –N. C.-].

Ahora, ha sido ya costumbre entre los exégetas del siglo veinte el mantener que en estos versículos, la Biblia condena el coitus interruptus de Onán en la medida en que se haya sido violado, de forma efectiva, el llamado levirato, costumbre aprobada por la ley de Moisés, del tiempo cuando la poligamia no era prohibida [7]. Según esta antigua práctica oriental, un hombre, ya sea que estuviese casado o no, se esperaba que se tomara como su mujer a la viuda de su hermano, si ella no había tenido hijos de su esposo muerto. En otras palabras, según estos exégetas que concentran su atención sólo en esta costumbre, en su lectura del Gen. XXXVIII, el pecado de Onán se presenta aquí consistiendo sólo en su intento egoísta de negarle descendencia a Tamar, la viuda de su hermano, y ni siquiera en considerar parcialmente el método innatural que empleó [énfasis del P. Harrison].

Pero, como espero mostrar, esta lectura del Génesis tiene una exégesis tan poco recomendable, que uno sólo puede asumir que su popularidad en décadas recientes ha sido debido a los prejuicios modernos de teólogos y exégetas quienes ven, intrínsecamente, a las actividades sexuales del tipo estéril, como algo moralmente inobjetables en sí mismas, o incluso necesarias de vez en cuando, y quienes, por lo tanto, tienen un fuerte interés en minimizar cualquier evidencia bíblica que pueda estar contra estas prácticas.

Los comentadores clásicos judíos, a quienes apenas podría acusárseles de ignorancia sobre el lenguaje, costumbres, leyes y géneros literarios bíblicos hebreos, ciertamente ven en este pasaje de la Escritura, tanto la condenación de las relaciones sexuales innaturales, como de la masturbación como tal [8]. El típico comentario judío tradicional es el siguiente: «(Onán) hizo mal uso de los órganos que Dios le dio para propagar la raza, satisfaciendo su propia lujuria, y por lo tanto él mereció la muerte.» [9] Y esto, indudablemente, está de acuerdo con la impresión natural que la mayoría de los lectores sin prejuicios puedan tener del texto del Génesis XXXVIII.

Pero, ¿es esta primera impresión correcta?, ¿realmente la verdad es más sutil?, ¿fue muerto Onán solamente por negarse a darle descendencia a la viuda de su hermano, como la mayoría de los exégetas contemporáneos sostienen? Para responder estas preguntas uno debe tener conocimiento del siguiente hecho significativo: la pena o castigo especificado en la ley de Moisés por negarse a cumplir el precepto del levirato constituía de una humillación pública, relativamente leve, en la forma de una breve ceremonia de indignación. La viuda sin hijos, en la presencia de los ancianos del pueblo, era autorizada a quitarle una sandalia a su poco cooperativo cuñado y a escupirle en la cara, por su negativa a tomarla como esposa.

Nota de B&T: Halizah, quitarle o despojarle de un zapato (o sandalia), simboliza el acto de transferir o de renunciar, como es descrito en el libro de Rut (IV, 7): «Había en Israel la costumbre, en caso de compra o de cambio, para convalidar el contrato, de quitarse el uno un zapato y dárselo al otro, esto servía de prueba en Israel»… el acto de halizah (en el levirato) era una demostración pública de desacreditación ante la comunidad, cara a cara, hacia el levir [hermano del marido, en latín] o yavam [en hebreo], quien se ha negado a “llevar el apellido de un difunto en Israel”.  Jewish Heritage Online Magazine.

Ilustración de Mich. Richey, Amsterdam, 1700-04. El grabado muestra a una viuda llevando a cabo el despojo de la sandalia, “halizah”, quitándola del pie de su cuñado. Jewish National and University Library, Jerusalem.

Entonces, supuestamente él recibiría un apodo poco halagüeño: “el Descalzo” [10]. Sin embargo, ya que se convertía en el único propietario de la casa y los bienes de su difunto hermano [11], es evidente que su ofensa difícilmente era considerada un delito serio, y que por supuesto, no merecía la muerte. La muerte, sin embargo, es precisamente lo que Onán mereció, según el Génesis. Se sigue entonces, que aquellos quienes sostienen que su única ofensa fue el infringir la costumbre del levirato, necesitan explicar la razón por la que tal ofensa fue castigada por el Señor de forma mucho más drástica en el caso de Onán, que en la forma en que subsecuentemente se hizo durante la ley de Moisés. En todo caso, deberíamos esperar lo opuesto, es decir, que después que la ley fue formalizada como parte del código del Deuteronomio, su violación podría haber sido castigada más severamente que antes, no de forma más indulgente. Mientras que es verdad que de la narrativa del Génesis es claro que la práctica del levirato ya existía en el tiempo de Onán, no existe evidencia bíblica de que él hubiese estado consciente de algún precepto divino para observar esa práctica [12]. Este problema parece haber sido simplemente ignorado, no confrontado, por aquellos exégetas quienes no pueden o no quieren ver en este pasaje, ningún fundamento escritural para la doctrina judeo-cristiana en contra de la masturbación y la anticoncepción.

Por supuesto, existe un problema más que deben enfrentar con esta lectura convencional moderna a este pasaje. Si la simple negativa a dar descendencia legal a su difunto hermano fuese, según el Génesis XXXVIII, la única ofensa de Onán, parecería extremadamente improbable que el texto hubiese entrado en tan crudos detalles físicos sobre este acto de anticoncepción (cf. v. 9). La delicadeza y modestia de los antiguos hebreos devotos, al referirse  hacia alguna actividad sexual moralmente recta o correcta nos ayuda a distinguir esto. Como es bien conocido, la Escritura siempre se refiere a las relaciones sexuales lícitas, dentro del matrimonio, sólo de una manera indirecta: «entrar en» [13] la propia esposa, esto es, entrar en su tienda o en su lecho, (cf. vv. 8 y 9 del texto del Génesis citado antes, así como Gen. VI, 4; 2Sam. XVI, 22; 1Cron. XXII, 7), o «conociendo a la propia esposa» (exempli gratia: Gen. IV, 17; Lucas I, 34). Cuando el lenguaje se vuelve algo más explícito «yacer con» o «acostarse con» alguien [14], o «descubriendo la desnudez» [15], la referencia es, sin excepción, hacia un acto sexual pecaminoso y vergonzoso. Y aparte de este versículo que estamos considerando, la única mención explícita en la Biblia donde menciona el acto genital de la emisión voluntaria de semilla, es dentro de un contexto profético y alegórico donde la infidelidad de Israel hacia Yavé es denunciado de forma incisiva, en términos de la vergonzosa lujuria de una prostituta (Ez. XIII, 20).

De este análisis de diferentes textos bíblicos refiriéndose al acto sexual, se revela claramente la relación existente entre la cuidadosa elección de las palabras, con la evaluación moral, en la mentalidad hebrea: hablando en general, la desaprobación de los escritores sagrados hacia las diferentes clases de actividad genital se incrementa con el grado de explicitud con que lo describen. A la inversa, cuando la sexualidad es tratada en su carácter más sublime, esto es, dentro del matrimonio, como un sagrado misterio simbolizando el pacto de amor de Dios con Su pueblo, las alusiones de la Biblia hacia el acto conyugal son predominantemente indirectas y alegóricas [16]. Las implicaciones de esto, para el Génesis XXXVIII, donde el acto sexual de Onán es descrito en términos crudos y explícitos, son claras.

Debe recordarse también que aquí estamos tratando con una cultura en la cual se aborreció otra forma de “desperdiciar la semilla”, el acto homosexual, para el cual se prescribía la pena de muerte para los trasgresores [17]. A la luz de este y otros factores que hemos considerado, estimo que la exégesis moderna no sólo es injustificada, sino bastante anacrónica, para sugerir que el autor del Génesis está en línea con la ideología “políticamente correcta” de finales del siglo XX del liberalismo occidental, y que habría tenido una visión relajada e indulgente ante el método de Onán para evitar la concepción, con su “derramar la semilla al suelo”. Debemos notar también el paralelo entre la descripción entre los actos homosexuales como “malvados” o “abominables” en los textos del Levítico [18] y la calificación similar hacia lo que Onán hizo en Génesis XXXVIII, 10 [19].

Además, en la visión de los exégetas revisionistas, el pecado de Onán es presentado esencialmente como uno de omisión. Con lo cual se nos pide que creamos que, según el Génesis, Onán no cometió ningún acto pecaminoso, sino que su pecado fue negarse a actuar apropiadamente hacia su difunto hermano debido a alguna clase de disposición egoísta interior. Pero, en tal caso, ¿por qué el texto describe el pecado de Onán como una acción positiva [i. e., que se cometió] («Era malo a los ojos de Yavé lo que hacía Onán»)? Expresión que viene directamente después de que el autor hubo mencionado lo que ciertamente es un acto exterior («derramar la semilla»), estas palabras del versículo 10 claramente indican una relación causal entre ese acto sexual y la ira y castigo de Dios.

Después de todo, no es como si el vocabulario del Antiguo Testamento adoleciera de conceptos o palabras para expresar los pecados de actitudes interiores, cuando ese fuese el pecado que los autores tuvieran en mente.  El “corazón” del hombre, ya sea justo o malvado, es un término común e importante en la referencia de la antropología hebrea [21], y en la medida en que esta falta de Onán fuese, en realidad, un pecado de omisión, tal ausencia de piedad hacia su hermano fallecido hubiese sido un ejemplo de lo que los israelitas llamaron “dureza de corazón” (cf. Ex. VII, 13, 22; VIII, 15; Sal. XCV, 7), quizás motivado en el fondo por una vanidad personal, no queriendo ser el padre de ningún niño que no fuese legalmente suyo, o incluso por codicia pura sobre los bienes de su hermano y que contravenía el Décimo Mandamiento y a muchos otros pasajes del Antiguo Testamento [22].

Una vez más, sin embargo, debemos pedir evidencias, para concluir que se trata de este grado de “dureza del corazón” lo que hubiese sido visto en el tiempo de Onán y que fue suficiente para ameritar su muerte. Si los exégetas revisionistas actuales están en lo correcto al afirmar que “derramar la semilla en la tierra” no es, per se, censurado en este texto, se seguiría, incluso, que si Onán hubiese simplemente declinado a tomar como esposa a Tamar, y se hubiese abstenido a tener intimidad de cualquier clase con ella, está absoluta abstinencia no hubiese sido vista por el autor del Génesis como algo menos ofensivo a Dios que el curso de los hechos que realmente sucedieron con Onán, ¡y los cuales le acarrearon la sentencia divina de la muerte! Pero ya hemos apuntado que tal conclusión deja sin explicar la relativa falta de severidad del Deuteronomio XXV al castigar tales ofensas en contra la costumbre del levirato.

Por otro lado, y como siempre insistió la doctrina judeo-cristiana, “desaprovechar la semilla” por medio de los diferentes actos sexuales estériles, viola la ley natural, la cual todos los hombres, judíos y gentiles, siempre han podido conocer por virtud de su humanidad, (cf. Rom. I, 26-27; II, 14), esto explicaría perfectamente la razón por la que el acto sexual de Onán, en sí mismo, sería presentado en la Escritura como algo meritorio del más severo juicio divino: fue un acto de perversión, de lujuria que suprime la vida. Por supuesto, por sobre esta prohibición de la ley natural, tal búsqueda del placer estéril bien pudo haber sido entendido como una forma de contravenir uno de los pocos preceptos divinos que ya habían sido solemnemente revelados en la tradición anterior al Sinaí, y repetida de forma positiva y verbal: “Procread y multiplicaos” (Gen. I, 27-28; IX, 1) [N. C.].

Nuestro comentario a este pasaje puede ser ahora resumido. El peso acumulado de la evidencia: la estructura y la narrativa explícita sobre el acto sexual, en el mismo texto, y la gran severidad del castigo a Onán, que supera el castigo que se prescribía en caso de infringir el levirato en Deut. XV, 5-6, nos lleva a concluir que, mientras el Gen. XXXVIII, 9-10 muy probablemente incluye la desaprobación a la falta de piedad de Onán hacia su difunto hermano, no obstante es el acto sexual innatural, el cual es presentado como el aspecto más grave de la falta de este hombre en su trato hacia Tamar, el aspecto por el que Dios corta su vida. Si el autor inspirado, mientras que conocía los mismos hechos históricos, los hubiese evaluado en la forma en que la mayoría de los modernos exégetas dicen que fue, esto es, con una absoluta indiferencia moral hacia el acto anticonceptivo de Onán, como tal, entonces hubiésemos esperado que escogiese diferentes palabras a “derramar la semilla”, siendo irrelevante en el interés del autor, sobre tal hipótesis, probablemente ni siquiera lo hubiese mencionado, y en su lugar, hubiésemos esperado una narración con afirmaciones más discretas donde dijera que Onán tomó legalmente a esa mujer pero se negó a cooperar para que concibiera, así que Dios lo mató por su “dureza de corazón”, por su orgullo, o quizás por su avaricia, al desear los bienes que eran propiedad de su hermano, deseándolos para sí y no para sus propios hijos.

Así, la interpretación tradicional de este pasaje como una condenación divinamente revelada hacia los actos que impiden la concepción, no es una mera provisión de ley positiva, del culto o disciplinaria, dada temporalmente para un contexto cultural específico y antiguo, sino como una manifestación particular de la voluntad divina para toda la especie humana, a la que ya se la había revelado a través de la naturaleza, desde la Creación, y debe ser vista como algo apoyado por serios argumentos de la exégesis. En realidad, muy aparte de estos argumentos e incluso sin apelar al principio de la teología católica que dice que la tradición católica debe ser nuestra guía en la interpretación de la Escritura, el sólo consentimiento histórico de la unanimidad de la tradición judía, sobre este punto, pone de relieve cuán implausibles y anacrónicas son las visiones que la critican. Esta visión incluye la sugerencia injustificada de que el antiguo autor del Génesis XXXVIII fue un “liberal” quien, al contrario de todo comentador judío conocido hasta los tiempos recientes, fue inexplicablemente permisivo acerca de los actos sexuales innaturales, mientras que al mismo tiempo, paradójicamente, se mostraba, y mostraba a Dios, incomprensiblemente [y excepcionalmente] severo en el caso de la infracción a la costumbre del levirato.

S. S. Pío XI

Los testigos cristianos, así como la tradición judía, en este punto deben enfatizar su conclusión, que el acto innatural de Onán, como tal, está condenado como pecaminoso en el Génesis XXXVIII, 9-10, y ésta fue una interpretación sostenida por los Padres y Doctores de la Iglesia, por los reformadores protestantes, y por casi todos los teólogos, célibes y casados, de todas las denominaciones cristianas, hasta los años recientes, de principio de este siglo (s. XX), cuando algunos exégetas comenzaron a aproximarse al texto con preconcepciones derivadas de la decadencia sexual de la cultura moderna occidental y su exagerada preocupación por la “sobrepoblación”. Es triste mencionar que estas preconcepciones, desde entonces, se han atrincherado como una nueva exégesis “ortodoxa”, la cual, ya no ve con ningún rastro de indignación, en este pasaje de la Escritura, las formas intrínsecamente estériles de actividad sexual y meramente genitales. Cederemos la última palabra aquí, al Papa Pío XI, quien, al citar a los grandes Padres de la Iglesia, resumió y reafirmó esta invariable tradición, en su encíclica sobre el matrimonio cristiano, Casti Connubii, del 31 de diciembre de 1930. Después de condenar rotundamente, como intrínsecamente contrario a la moral y la ley natural, todas las prácticas que intentan privar al acto conyugal de su poder procreador, el Pontífice ofreció su autorizada interpretación al texto bíblico, la cual no sólo confirma la tradición, sino que es confirmada a su vez por las exégesis imparciales y bien fundamentadas, conformes a la historia:

«No es extraño, por consiguiente, que hasta las mismas Sagradas Escrituras testifiquen el odio implacable con que la divina Majestad detesta, sobre todo, este nefando crimen, habiendo llegado a castigarlo a, veces incluso con la muerte, según recuerda San Agustín: «Porque se cohabita ilícita y torpemente incluso con la esposa legítima cuando se evita la concepción de la prole. Lo cual hacía Onán, hijo de Judas, y por ello Dios lo mató.» (Cf. Gen. XXXVIII, 8-10) [23]

Notas:

[1] “Sins of Onan? Not really”, San Juan Star, January 8, 1995, p. V42. Professor Echevarría teaches Philosophy in the University of Puerto Rico, Bayamón campus.

[2] Echevarría claims that, according to Saint Augustine, “the pleasure that attaches to [sexual union] is an evil rooted in the Fall from Paradise,” so that “In Paradise, sex acts were, like handshakes, pleasureless” (loc. cit.). In fact, Augustine never expressed such a cold and puritanical view: the professor fails to distinguish between ‘pleasure’ and ‘passion.’ What Augustine said is that during sexual orgasm as it is now, the temporary suspension of reason – which he considered an indignity, like a momentary delirium or drunkenness – is a result of original sin’s debilitating effect on our rational and volitional powers (City of God, XIV: 16). He held that in Paradise an unweakened spiritual nature would have prevented that temporary loss of voluntary control over the body and its movements during intercourse which he calls “passion”, or “the disease of lust” (ibid., 17, 24, 26). In a telling phrase, he spoke of Paradise thus: “Nor yet did the flesh by its disobedience testify against the disobedience of man.” This is clearly quite different from saying that there would have been no sexual pleasure – or even less pleasure – if man had not sinned.

[3] Echevarría makes much of the fact that zoologists in recent times have sometimes observed masturbatory and homosexual activity among animals. He states triumphantly that this scientific discovery overthrows the 18th-century philosopher Immanuel Kant’s conviction that animals are incapable of acting in such ways, and undermines the belief that such sterile types of sex act are ‘unnatural.’ The objection is urged that it would be absurd to qualify as ‘unnatural’ acts that are now observed to occur ‘in nature’ (cf. loc. cit.). But there is no absurdity or self-contradiction, because the concept of ‘nature’ is not being used univocally in the objection. To say that an act is sinful because it is ‘unnatural’ uses this concept in a different sense from that which is used when we speak of ‘nature’ to signify the sub-human, material world studied by the so-called ‘natural sciences.’ It means that the act contradicts the intention of the Creator, as revealed by the clearly purposeful structure of our anatomy. In a world that is no longer Paradise, the desires and actions of animals can indeed be ‘unnatural’ in this sense of disordered and abusive, even though there cannot of course be any sin on the part of creatures with no free will, and hence no moral responsibility.

[4] For example: Romans 1: 24, 6: 19; Galatians 5: 19, Ephesians 4: 19, 5: 3; Colossians 3: 5.

[5] no. 2352.

[6] In the parable of the sower, the idea of seed which falls upon the ground, rather than in it, symbolizes a fundamental sin: rejection of the Word of God (cf. Lk. 8: 5-6, 12-13). In Hebrew poetic thought a woman’s body in its capacity for fruitfulness and motherhood is sometimes alluded to under images of a “garden” in which seed is to be sown (cf. Song of Songs 4: 12-16; 5: 1; 6: 1-2). Indeed, the very fact that in Hebrew the same word (zerah) is used for both “semen” and “seed” suggests that the potential for fruitfulness is understood as essential to any sexual activity.

[7] Cf. Deuteronomy 25: 5-6.

[8] The Encylopedia Judaica (Vol. 4, p. 1054, article “Birth Control”) states: “Jewish tradition ascribed the practice of birth control to the depraved humanity before Noah (Gen. R. 23: 2, 4; Rashi to Gen. 4: 19, 23).” (For further confirmation of Jewish views on this point, cf. H. Hirsch Cohen, The Drunkenness of Noah [University of Alabama Press].) The Encylopedia article adds that on the basis of Gen. 38: 9-10, “the Talmud sternly inveighs against ‘bringing forth the seed in vain’, considering it a cardinal sin (Nid. 13a). . . . Strictly Orthodox [Jews], . . . for religious reasons, refuse to resort to birth control.” In the same Encyclopedia, under “Onanism” (Vol. 12, p. 1495), it is stated that the act of Onan “is taken . . . by the Talmud (Yev. 34b) to refer either to unnatural intercourse or (cf. Nid. 13a) to masturbation. The Zohar [a 13th century work] expatiates on the evil of onanism in the second sense.” Other works by Jewish authors corroborating this tradition include D. Feldman, Marital Relations, Birth Control and Abortion in Jewish Law (New York: Schocken Books, 1974) and J. Cohen, ‘Be Fertile, Increase, Fill the Earth and Master It’ (Cornell University Press, 1989).

[9] Bereshis: Genesis – A New Translation with a Commentary Authorized from Talmudic, Midrashic and Rabbinic Sources (Brooklyn: Mesorah Publications, 1980, Vol. 5, p. 1677).

[10] Cf. Deuteronomy 25: 8-10.

[11] Cf. Jerusalem Bible note on this passage.

[12] In Gen. 38, Judah, in exhorting his son Onan to marry Tamar, makes no appeal to any divine mandate: he appears to be relying only his paternal authority. It is true that the silence of Scripture on this point does not, in itself, demonstrate conclusively that Onan would not have been conscious of any such divine command: to insist that it does demonstrate this would involve an un-Catholic, sola Scriptura position. But the burden of proof would surely be on someone who wanted to maintain that there is some extra-biblical evidence that these early descendants of Abraham believed the levirate marriage custom was mandated by God.

[13] The very expressions “going in to/entering” carried overtones of sacredness for the Israelites: cf., for example, Ex. 28: 29, 35; Lev. 16: 2, 23, where we read of the high priest “entering into” the sanctuary. It might be objected that since Gen. 38: 9 speaks of Onan “going in to” Tamar, my argument is self-refuting: for if, as I am claiming, this indirect expression is used in Scripture for legitimate sexual acts, then it might seem that, on my own terms, Onan’s sexual act, in itself, is presented here as legitimate – which would contradict the whole thesis of this essay. In fact the language used by the Genesis author is consistent with my argument, because it must be recalled that, if my thesis is correct, the situation narrated in 38: 9-10 is biblically unique in precisely such a way as to make the author’s choice of language more ambivalent than usual in its connotations or implications. That is, no other passage of Scripture speaks of a sexual relationship which (if I am right) is presented as morally complex in the sense of involving both licit and illicit aspects, i.e., the unlawful use of a lawful relationship. As is obvious, the euphemism “go in to” refers literally to a man’s approach to his wife in view of intercourse; and so the Genesis author’s use of that verb in v. 9 need reflect nothing more than his consciousness that Onan had every right to approach Tamar sexually, given the levirate marriage law. It was what he did after initiating the marital act that was wicked.

[14] Cf. Gen. 19: 34-35; 34: 2; 38: 16; 39: 7-8; Ex. 22: 16; Lev. 18: 20, 22-23; 19: 20; 20: 11-13; Deut. 22: 22-29; 27: 20-23; I Sam. 2: 22; II Sam. 12: 11-14; 13: 11; Job 31: 10; Dan. 13: 20,37; Ez. 23: 8; Bar. 6: 43. The contrast in language, corresponding to that in attitude, is particularly clear in I Sam. 2: 21-22. In v. 21, referring to holy Anna, the hitherto barren mother of Samuel, it is said that “the Lord visited her” so that she conceived the future prophet. Then, in the very next verse, the priest Heli laments the profligacy of his own sons, who have been “lying with” loose women.

[15] Cf. Lev. 18: 7-17; 20: 18-21; Ez. 22: 10. Even when no sexual act is involved, the concept of “uncovered nakedness” is always presented as shameful or disgraceful: cf. Gen. 9: 21-23; Ex. 20: 26; Is.47: 3; Nah. 3: 5; Jer. 13: 22; Apoc. 3: 18.

[16] Cf. the citations from Song of Songs referred to in n. 6 above.

[17] Cf. Leviticus 18: 22, 20: 13.

[18] Cf. note 17.

[19] Even involuntary nocturnal emissions were seen by the rabbinic commentators as a result of man’s primordial fall.

[20] The Hebrew verb used in v. 10, asah, ascribes a positive action to Onan.

[21] See any standard reference work of biblical theology, e.g., the article “Heart” in X. Léon-Dufour (ed.), Dictionary of Biblical Theology (2nd edn., London: Geoffrey Chapman, 1984), pp. 228-229.

[22] Cf. in Léon-Dufour, loc. cit., the articles “Hardness of Heart” (pp. 222-223); “Pride” (pp. 457-459), “Arrogance” (pp. 31-33) and “Cupidity” (pp. 104-106).

[23] “Quare mirum non est, ipsas quoque s. Litteras testari, divinam Maiestatem summo prosequi odio hoc nefandum facinus illudque interdum morte punisse, ut memorat S. Augustinus: ‘Illicite namque et turpiter etiam cum legitima uxore concumbitur, ubi prolis conceptio devitatur. Quod faciebat Onan, filius Iudæ, et occidit illum propter hoc Deus’ (cf. Gn. 38, 8-10)” (Denziger-Schönmetzer 3716). The passage from St. Augustine quoted by the Pope is De adulterinis coniugiis ad Pollentium 1b.II c.12 (PL 40 [1887] 479B).

Traducción de Alejandro Villarreal de bibliaytradicion.wordpress.com

SOBRE la REPRODUCCIÓN del CONTENIDO de B&T: Se concede el permiso para reproducir, total o parcialmente, las traducciones originales de este blog, en otras páginas o blogs, con la condición de mencionar el origen del mismo, así como a su autor original y el nombre del traductor. El autor de B&T hace lo correspondiente al tomar material de otras páginas, sin excepción, y a pesar de no concordar totalmente con las ideas de otras webs o autores, creyendo que en esto reside un simple pero no despreciable acto de honestidad.


Responses

  1. Estimado Alejandro: Ahora estamos al revés. Hay ya demasiada procreación. A este paso, el planeta … como dicen los norteamericanos “will implode”.

    • Supongo que lo suyo es alguna especie de ironía, porque lo de la sobrepoblación es otro de los cuentos de la modernidad.

  2. La sobrepoblación es la razón de la crisis económica mundial. No hay empleo para todos.

    • Creo que se confunde las causas con los efectos, para comenzar, ¿es la falta de empleos la causa de la crisis económica o es la crisis económica culpable de la falta de empleos? Porque si comenzamos desde un escenario (al parecer perenne) donde prevalece una falta de empleos, es que algo no ha estado funcionando bien desde los fundamentos y que tenemos una visión de la situación ya viciada. En México ese parece ser el diagnóstico desde hace 100 años, por lo menos, el problema es que hace 100 años nadie culpaba a la “sobrepoblación”, lo cual evidencia un problema menos difícil de comprobar. En la época de los cristeros, según se cuenta en el libro “No volverá a suceder”, ya existía la queja de que (parafraseo) había varios millones de mexicanos emigrando a EE. UU., precisamente porque los gobiernos liberales opresores tenían la consigna de ahorcar a la población con políticas empobrecedoras (algo que nuestros priístas siguieron al pie de la letra durante 70 años).
      +
      Es cierto que la economía actual está diseñada para que nos conformemos con esa explicación tan simplista, del fantasma de la sobrepoblación, pero afirmar eso, como “verdad incontrovertible” tan sólo podría ser el reconocimiento a los esfuerzos anticristianos que promueven el NOM, pero lo cierto es que aún no podemos ser tan ciegos como para tragárnoslo entero. La razón de la crisis económica mundial es, en primer lugar, la descristianización del mundo, no nos confundamos, la Providencia de Dios no está garantizada a sociedades ingratas. Malthus no tuvo razón, el crecimiento poblacional nunca rebasó la producción del alimento. En 2006 se daba el dato que la población había aumentado 38 veces, mientras que la producción de alimentos creció 133 veces, desde que hizo su predicción incumplida, aunque todavía difundida. ¿Es la crisis económica producto de una supuesta sobrepoblación o del abandono que se hace de Dios?, ¿nos hemos entregado a Dios o a los economistas que tienen el poder de controlar la macroeconomía para mantener cierto nivel de ganancias en las cúpulas y cierto nivel en las bases? Tampoco podemos menospreciar el componente ideológico que se sirve de las economías para lograr sus objetivos, como elementos de presión. Me parece que creer en ello, es sólo hacerse cómplice de la decadencia actual, y donde todo lo que nos rodea grita que no es cierto, porque prevalece el egoísmo exacerbado, prevalece el despilfarro (en sociedades de obesos, sin ánimo de ofender a nadie, tan sólo ver la situación de EE. UU. y México al respecto, según cifras oficiales) y prevalece el abandono a Dios y la entrega al hedonismo.
      +
      Sodoma y Gomorra: Pueblos que mostraban soberbia excesiva, tenían hartura de pan y abundancia de ociosidad, y no ayudaron ni al pobre ni al necesitado (parafraseando Ez. XVI, 49). Eso me suena mucho a nuestras sociedades actuales.
      +
      Recomendado: Conjura Contra la Vida. De Malthus a Kissinger y El Mito de la Sobrepoblación Humana (i)

      • En África mueren millones de hambre. En el resto del mundo no hay empleo para todos. Los ríos están desapareciendo. Pronto no habrá agua para todos. Las sequías están secando campos agrícolas enteros. La comida se acaba. Estamos hablando del tercer jinete del Apocalipsis (el negro con la balanza).

        • ¿Y eso es producto de la “sobrepoblación” o del abandono de Dios?, ¿o me saldrá con “cambios climáticos”? Si Ud. alude al Apocalipsis, es clara la respuesta.

        • Es una combinación. Por un lado, una Humanidad perdida y numerosa; por el otro, la Apostasía de la Iglesia. Junta las dos cosas y tenemos el Tercer Jinete del Apocalipsis.

        • ¿El número importó en Sodoma y Gomorra? Tan sólo por su unanimidad en su desprecio a Dios, sin embargo, respecto al total mundial de ese tiempo, puede decirse que hasta su número era despreciable. El número es totalmente irrelevante, la “sobrepoblación” es un arma ideológica, y si tomamos el ejemplo hipotético de una humanidad que haya escuchado el mensaje de Dios, hoy seríamos mucho más porque tal humanidad no tendría ninguna mentalidad anticonceptiva, de esta forma podríamos imaginar a una humanidad numerosa, en paz con Dios y seguramente confiados de su Providencia, como hipótesis, no existe nada que impida imaginarlo. El número nunca ha sido indicador de qué tan bien o que tan mal estemos con Dios, es totalmente arbitrario.

        • En el Diluvio nada más 8 personas fueron dignas de salvación. El número sí es importante.

          En Sodoma y Gomorra, si se hubieran hallado 15 justos, no pasa nada. El número sí es importante.

          Hoy, 1.500.000.000 de Montinianos están en la Apostasía. Por lo que el mundo puede esperar ya el cumpliento de lo que dice San Pedro en su Segunda Epístola. El número sí es importante.

        • Pero Ud. me da la razón, con la fluctuación de los números que da, y el problema principal, o el común denominador de sus ejemplos es el alejamiento de Dios, (no es necesario mezclar las teorías seculares cientificistas con las revelaciones). El hecho de que sean muchos o pocos no nos habla de que sean buenos o no. Cada problema (natural y moral) que ha mencionado tiene un origen definido que no está relacionado directamente con una “sobrepoblación”, lo cual es mi pugna.

        • Una sobrepoblación hambrienta y sedienta se convierte en horda devastadora como las langostas. Esto es parte del castigo para una Iglesia que no supo apreciar lo que tenía con el Santo Sacrificio de la Misa que suprimió Pablo VI.

        • El alejamiento de Dios, algo que Nuestro Señor nos dice en Mateo XXIV (y hambres, pestes, guerras, persecuciones, terremotos).

        • Todo lo de San Mateo XXIV coincide con lo que estamos viendo y pronto veremos, comenzando con las palabras “cuando regrese el Hijo del Hombre, ¿habrá todavía Fe en la Tierra?”.

        • Un dato: la densidad poblacional en África es en promedio de 33 hab. por km cuadrado (treinta y tres), en Israel es de 345, Japón de 335, EE. UU. 34, Rusia 8, Francia 116. Lo cual deja el argumento de la sobrepoblación bastante mal parado. El problema número uno de África es la guerra y la rapiña, los cuales seguirán hasta que se maten todos entre sí y vayan los “zopilotes” (y no me refiero a las aves) a reclamar esas tierras. El problema del agua es un problema de contaminación que redunda en la educación, el ciclo hidrológico no se detendrá. En México es exasperante ver los lechos de ríos y lagunas llenos de basura. Las sequías, en principio, están relacionadas con la deforestación, nuevamente redunda en educación, pues la tala es rentable siempre y cuando se reforeste. Nada de esto es achacable directamente a “sobrepoblaciones”.

        • Hay ya tanta gente que su sola respiración es contaminante y con la tala de bosques el oxígeno está escaseando. No se digan sus desechos fisiológicos, basuras, emisiones de vehículos de motor, humos de cigarro, chimeneas de fábricas, pesca fuera de estación, aumento de basureros, etc. La juventud no encuentra trabajo… mejor se está dedicando al crimen organizado.

        • Eso es una tontería, ¿quién le dijo que el CO2 es un contaminante?, ¿Obama? No Sr., sin dióxido de carbono, un gas natural, las plantas, que (nos) producen oxígeno, no podrían realizar su fotosíntesis. ¿El oxígeno escaseando?, no, por favor, es demasiado lavado de cerebro de los medios. Usted ya se creyó el cuento del “cambio climático antropogénico”: Científicos que no Apoyan la Hipótesis Dominante o Antropogénica sobre el Calentamiento Global; El Calentamiento Global Desenmascarado: Su Agenda Encubierta Ahora sí le creo que estamos en la “edad del burro”.
          +
          ¿Qué tiene que ver el “crimen organizado” con esto?

        • El CO2 lo convierten en Oxígeno los árboles, pero si la desforestación continúa (y continuará para poder mantener a tanto holgazán) no habrá árboles algún día ni por consiguiente oxígeno.

          Los Polos se están derritiendo. Es un hecho. El calentamiento continúa. Por las fisuras del planeta se escapa el calor del Infierno.

        • Eso de que “se acabe el oxígeno” es una discusión bizantina y en todo caso Ud. acepta su origen en una deforestación radical, que no tiene que ver con “sobrepoblación”. El que los polos se estén derritiendo o que exista cierto calentamiento, no quiere decir que la única explicación sea la antropogénica, en todo caso, muy al estilo de Cantinflas, “se dice que el hombre tiene impacto sobre el clima, pero no se sabe cuánto, se dice que la temperatura se elevará, pero tampoco hasta dónde, pero los estimados hablan de 4 (cuatro) grados centígrados, de aquí al 2060″. Otras explicaciones hablan de que estamos saliendo de una era glacial ligera, pero los rangos de elevación de la temperatura son de pocos grados (3°), otros la explican mediante la “oscilación decadal del pacífico”, en fin, existe tanta especulación, tanto oportunismo político, en el que no faltan tampoco las versiones atemorizantes y catastrofistas, y por supuesto, en el mundo secular ninguna de estas cosas los mueve a cambiar en lo que deben de cambiar, sino sólo a volverse “verdes”, “al culto de Gea”, lo cual es, alejamiento de Dios. (Climate change: What we do – and don’t – know del sitio de New Scientist).

        • Y eso que te faltó hablar de la Tercera Guerra Mundial, de la Revolución Mundial, del Gobierno Mundial, de la Economía Mundial, de la Banca Mundial, de la Aparición del Anticristo, del aterrizaje de OVNIS y del estrellamiento de asteroides impactando la Tierra con los consiguientes tsunamis, terremotos y escapes de radiación de plantas nucleares.

  3. Hay un dicho de nuestros “honestos” comerciantes que dice asì: ¡O bien vendido, o bien podrido!

  4. Burro 13.- Halloween Barden. Este burro, por yo no sé qué motivo, en lugar de festejar el Día Primero de Noviembre que es la Fiesta de Todos los Santos, mejor festeja el 31 de Octubre que es la Fiesta de Todos los Brujos, Zombis y Burros salidos del Infierno.
    Burro 14.- Leocadia Putina. Esta burra fue con el Doctor Iván Frankenstein para que la vacunase contra el cáncer cervical, puesto que ella había leído que la causa del cáncer del cuello de la matriz lo provoca el Virus Papiloma Humano y que la vacuna “Gardasil” de Merck era efectiva contra este virus. Lo que Leocadia no leyó fue el reporte presentado por la Dra. Christian Fala, médico cirujano general de Viena, Austria, en el cual reporte la Dra. Fala establece, primero, que no hay evidencia alguna de que el Virus Papiloma Humano cause el cáncer cervical, segundo, que no hay evidencia alguna de que la vacuna reduzca el número de casos de cáncer cervical, y, tercero, que la vacuna Gardasil de Merck no sirve para nada sino para matar a la gente puesto que hay casos reportados de muertes de adolescentes por estar vacunados con la vacuna Gardasil.
    Burro 15.- Rabino Rosen. Este payaso, en Asís, el 27 de Octubre de 2011, ni una sola vez mencionó en su discurso a Nuestro Señor Jesucristo como “El Único Príncipe de la Paz”. Tampoco hicieron mención de Nuestro Señor Jesucristo los otros burros asistentes representantes y jefes brujos de las demás religiones del Infierno, [EDITADO POR EL ADMINISTRADOR DEL BLOG]


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